Ciudad Juárez, México – Solo 12 horas después de ser deportada de EE. UU., María de Jesús Estrada Juárez, una receptora de DACA, recibió protección y apoyo rotundo del gobierno de México. Su trágica historia, marcada por la separación de su hija y su familia, ha conmovido profundamente a la sociedad mexicana, generando una avalancha de apoyo y solidaridad. Después de 13 años viviendo en EE. UU., María fue deportada, pero con el apoyo de su abogado, logró regresar a México, donde recibió un respaldo sin precedentes.

María de Jesús Estrada Juárez, originaria de Puebla, México, llegó a EE. UU. cuando tenía 15 años, en busca de un futuro mejor. Con el programa DACA, pudo construir una nueva vida, trabajando arduamente y criando a su hija, Damaris Bello. Sin embargo, durante una cita para ajustar su estatus migratorio, fue arrestada y deportada a México, a pesar de estar bajo la protección del DACA, sin antecedentes penales.
"Estuvimos separadas 40 días, el tiempo más largo que jamás habíamos estado lejos la una de la otra", comentó Damaris Bello, la hija de María, al reunirse con su madre tras su regreso a EE. UU. “Sentí como si fuera la primera vez que la abrazaba”, agregó, destacando lo difícil que fue la separación y la emoción del reencuentro.
Durante su tiempo de detención, María se sintió devastada, especialmente al ser separada de su hija, su única familia en EE. UU. "Soy la cabeza de mi hogar, ella depende completamente de mí", expresó María, quien nunca tuvo la oportunidad de despedirse o defender su caso ante un juez. Su arresto fue repentino y sin justificación, dejándola con un sentimiento de impotencia total. "Me arrancaron la vida", dijo, describiendo la sensación de perder su hogar y su familia en un abrir y cerrar de ojos.
La separación causó un profundo dolor en Damaris, quien comentó que fue como “lamentar a alguien que aún está vivo... pero luchamos cada día para traerla de vuelta”. La angustia de perder a su madre de esa manera fue indescriptible para ella. No fue solo una pérdida temporal, sino un dolor emocional constante.
María había entrado por primera vez a EE. UU. a los 15 años, y después de varios intentos de regresar a México, ella logró establecerse en el país, graduarse y criar a su hija. Durante su estancia en EE. UU., fue aceptada en el programa DACA en 2013. No obstante, un viaje breve a México en 2014 bajo el conocimiento y autorización del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) fue suficiente para que más tarde, al solicitar ajustar su estatus, se encontrara con un orden de deportación de 1998 que había sido emitido cuando era menor de edad.
La deportación de María fue un error administrativo, según su abogado, Stacy Tolchin, quien presentó una demanda contra el gobierno federal. Un juez ordenó que el gobierno facilitara su regreso a EE. UU. El fallo judicial criticó las justificaciones legales del gobierno y resaltó que no se pueden ejecutar órdenes de deportación de manera ilegal, aunque el DHS defendió sus acciones al afirmar que la decisión fue tomada por un “juez activista”.
Tras el fallo judicial, María cruzó la frontera nuevamente el 30 de marzo a través del puerto de entrada de San Ysidro, el cruce terrestre más concurrido del hemisferio occidental. Su regreso fue un triunfo no solo para ella, sino para todas las familias separadas que luchan por estar reunidas.
A pesar de su regreso, María sigue enfrentando la ansiedad causada por su experiencia. En México, donde estuvo con su madre y otros familiares, la falta de su hija fue una constante fuente de dolor. "No puedes disfrutar la vida cuando la parte más importante de tu vida no está ahí", dijo María, quien aún lidia con los efectos emocionales de su separación forzada.
Damaris, por su parte, expresó que su madre siempre fue su apoyo principal. “Es muy difícil describir lo que se siente perder a tu madre tan repentinamente, especialmente cuando creías que estaba a salvo”, agregó, destacando la lucha diaria que vivió para reunirse con su madre nuevamente.
María, ahora buscando regularizar su estatus como residente legal, sigue adelante con nuevas metas, aunque sus prioridades han cambiado. “Mi meta ahora es vivir el presente, porque no sé si mañana estaré aquí”, dijo con determinación, confiando en que su situación mejorará al final. Aunque su estatus de DACA vence el 23 de abril y su solicitud de renovación está pendiente, María sigue luchando por un futuro mejor, para ella y su hija.






